Convirtiendo un desierto de cemento en una Jungla de Abundancia

Simon Watkins dejó su coche de lado y empezó a movilizarse en bicicleta. Eso le dejó una gran y vacía carretera hecha de cemento enfrente de su casa. Decidió crear una jungla de frutas y abundancia – no muy fácil cuando tienes poco suelo, compost y casi nada de dinero para invertir. Aquí, Simon nos comparte el principio de su historia, paso a paso para que probemos y nos maravillemos de lo que podemos conseguir pensando y actuando permaculturalmente.

 

Desde que renunció al petróleo a favor de los pedales, le quedó un buen espacio lleno de cemento y grava. No tenía intención de seguir apoyando el mayor malgasto de energía a nivel mundial; en vez de eso quiso cambiarlo hacia una jungla de abundancia. En su mente era una gran y suculenta huerta, un amasijo natural de anuales, perennes y arbustivas para que al llegar a casa solo fuese coger para comer antes incluso de pasar por la puerta. O mejor aún, que el almuerzo para el trabajo estuviera ya colgando en la puerta y solo tuviésemos que meterlo en un recipiente.

¿Entonces de donde empezamos? No tenía ni idea de como iba a ser el suelo bajo esas placas de cemento, pero seguro que no iba a ser nada bueno. Tuvo la primera impresión cuando hace unos meses levantó unos pocos centímetros de una parte que se había roto con el paso del tiempo y algunos pequeños accidentes domésticos. Por todos lados, dura piedra, una vista nada agradable. En las primeras semanas de trabajo estuvo considerando comprar sacos de turba con sus caras consecuencias económicas; pero seguía con pocos fondos, así que si encontrara una alternativa casera, la elegiría por encima de todo antes que pensar en traerlo de fuera. El problema es, ¿cómo vamos a hacer aparecer de la nada varios metros cúbicos de tierra?

Necesitaba bajar sus ambiciones – por lo menos al principio – “Empieza desde el principio y observa las semillas crecer” se convirtió en algo así como un mantra para él. Se le ocurre que tiene algunas plantas que le sobraron de los semilleros de este año, incluyendo tres magníficos girasoles en macetas. Mezclando y mejorando lo presente en interrelaciones con unas pocas plantas de un vivero local y familiar se podría hacer una buena exposición al menos en una parte del jardín: una declaración y protesta a nadie en particular, más que a sí mismo. Con dos sacos contenedores para cultivar patatas ya cosechados y un poco de compost que quedó de la temporada de verano habrá más que suficiente para las pequeñas plantas de las que se va a ocupar.

Su primer pensamiento, “Voy a tener que romper ese gordo y duro mortero”. Incluso con un buen pico quedó incultivable. Pero como suele ocurrir, los pequeños y pacientes métodos funcionan; así que después de una hora o así con un buen martillo y cincel persuadió al cemento a convertirse en terrones más manejables y consiguió un metro cuadrado de suelo libre con el que trabajar. Debajo de la capa dura una fina capa de arena – seguramente la base para colocar el cemento. Debajo de eso una capa débil e incoherente de más cemento que no cuesta mucho romper. Bajo eso la primera capa de suelo natural, suave arcilla típica del lugar. Entonces vió la primera cosa que le dió esperanzas desde que empezó esta excavación: un pequeño trozo de raíz viva, buscando el hueco que él estaba haciendo. Intrigado y casi en trance por el descubrimiento, le costó un poco razonar de donde venía esta luchadora, debajo de diez centímetros de cementos y arenas, lejos de cualquier luz, agua y oxígeno. Solo podría ser la vanguardia del cerezo del vecino, optimista entre las negras búsquedas de nutrientes y humedad. Bueno, estoy apunto de hacer sus sueños realidad.

Necesitaba más material para el suelo, así que rescató algo de la arcilla y la arena que había debajo del cemento, para dar consistencia a la respetable pila de compost. Mezclándolo todo en un trozo de cartón, tirado por otro vecino. Terminó por hacer una pila más grande que la cagada de un mamut, oliendo mejor suponemos. Pero todo este suelo y toda la bondad en él podría ser lavada en el nuevo agujero del suelo, así que después de la nivelación, que fuera lo mejor que pudo, arrastró otro pedazo de cartón grueso sobre el hueco e hizo algunos agujeros plantar, antes de poner la nueva tierra en la parte superior. Entonces arregló sus plantas para el máximo efecto visual.

El paso final era proteger la mayor parte de la tierra que queda expuesta al sol después de plantar. El compost que usó tenía mucho grano y salvado así que se seca rápido, incluso con aunque esté mezclado con otros materiales. Mientras pensaba en que podría tener cerca y gratis para usar, sus ojos cayeron en la pila de cemento hecho trozos. No era lo más ideal, pero por el momento era lo mejor y mantendría el calor directo y reflejado del sol lejos del suelo y de las sedientas raíces de abajo de quedarse sin humedad. Entonces después de crear un acolchado con el cemento del cual salían unos girasoles, echinaceas, bergenia, Salvia púrpura, Citronela y algo que creía geranio salvaje – plantas a prueba de bombas, muy baratas y fácilmente reemplazables si se pierde alguna.

Esperemos que os haya servido al menos para inspiraros y co-creéis con vuestros vecinos un jardín de todos.

Vía: permaculture.co.uk
Trad.:Víctor Paiam
Dibujando una Vida Sostenible

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