La permacultura es conocida por sus contribuciones acerca de técnicas agrícolas alternativas. Aunque la producción de alimentos y la conservación de la naturaleza son ciertamente partes importantes de la teoría, existen otras aplicaciones para ella.

De hecho, para aquellos interesados ​​en convertirse en practicantes, aunque a pequeña escala, no es necesario poseer un jardín, adoptar un estilo de vida rural o incluso prescindir del supermercado. Todos los practicantes de la permacultura, no importa dónde habiten, deben cuidar de la tierra y de las otras personas.

Muchas de las ideas innovadoras del movimiento están dirigidas a las prácticas urbanas. Como la permacultura se esfuerza por encontrar un lugar no destructivo para la humanidad en el planeta, las ciudades, donde la mayoría de las personas viven, son de vital importancia dentro de las consideraciones de la permacultura. Desafortunadamente, las áreas urbanas, en general, también están entre las más perjudiciales para el medio ambiente.

En otras palabras, no importa dónde vivamos, sea en un sitio en el interior de Santa Catarina o en un rascacielos en San Pablo, hay cosas que podemos hacer.

1. Reduzca su basura

La basura es una de las cuestiones fundamentales con las que la humanidad debe lidiar. Los océanos están seriamente contaminados por desechos producidos por el uso excesivo de productos no biodegradables, como botellas plásticas y bolsas. Incluso la manera «responsable» de lidiar con la basura, como se pensaba, que es colocándola en un contenedor de basura, se está volviendo un problema ahora: estamos destruyendo muchas áreas con nuestros rellenos para desechos. Rural, urbano y suburbano, todos tenemos que asumir la responsabilidad de reducir nuestros residuos.

Al observar la naturaleza, lo que se observa es que no hay desperdicio en un ecosistema.

Un árbol caído, hojas, frutas podridas, y así sucesivamente, vuelven a alimentar el suelo y las plantas para que el bosque crezca mejor.

Lo ideal es empezar a hacer compostaje con los restos de alimentos orgánicos y evitar el uso de plástico, adhiriendo a materiales biodegradables como cepillos de dientes de bambú. Además, procurar producir el mínimo de basura posible. Para ello, salga con un kit con vaso y cubiertos reutilizables y una servilleta de tela. En casa, busque comprar productos a granel y producir sus propios productos de limpieza e higiene.

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Aunque nuestra contribución sea una en miles de personas, esto representa un gran paso para cambiar la mentalidad colectiva y hacer alguna diferencia contra la basura.

2. Reutilizar lo que puedas

La otra gran contribución que podemos hacer para reducir nuestro desperdicio es reutilizar lo que podamos, ya sea recogiendo parte de esta basura y transformándola en un objeto de uso, como los pallets de madera para un hermoso sofá, o comprando elementos reutilizables. Como consumidores modernos, nos acostumbramos a envolturas y paquetes inútiles y a comprar sin discernimiento. Esto significa que estamos produciendo más y más basura a cada compra que hacemos.

En vez de eso, debemos reutilizar lo que podamos. Debemos comprar más objetos de segunda mano, como ropa usada. Definitivamente deberíamos tener sólo botellas de agua reutilizables, bolsas de tela y otros objetos que después del primer uso no se desechen en la basura. Para cada objeto que reutilicemos en vez de comprar nuevos, estamos ahorrando los recursos del planeta, el dinero y el espacio de rellenos sanitarios.

3. Plante sus propios alimentos

La permacultura se centra en el cultivo de alimentos y, para algunos, esta perspectiva es un poco intimidante. Pero no debería serlo. Aunque muchas personas pretenden cultivar una cantidad autosostenible de productos, esta no es una obligación para todas las personas según la permacultura. La verdad es que, hasta el siglo pasado, la mayoría de la gente cultivaba por lo menos un poco de su propia comida, y volver a retomar esa práctica podría significar una enorme diferencia en el mundo de hoy.

Actualmente, la producción de alimentos cayó en un círculo vicioso maligno. Los grandes monocultivos tratados con pesticidas, herbicidas y fungicidas no son la respuesta. En vez de eso, se espera que cultivemos algunas hierbas en el balcón del apartamento o realizando una cosecha completa durante el verano, cultivar algo para nosotros mismos es actuar de manera más sensata y contra los monocultivos.

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4. Comprar en el comercio local

Para aquellos que no están en condiciones de cultivar gran parte de su propia comida, la otra manera de apoyar y actuar de acuerdo con la permacultura es comprar alimentos de productores locales. El otro aspecto difícil de la actual industria de alimentos es que nos volvemos tan dependientes de artículos importados, que nos olvidamos casi por completo de lo que se cultiva a pocos kilómetros de distancia. Esto ha sido terrible para las personas de los países menos desarrollados, así como para el medio ambiente, que está soportando el costo real de transportar todo el material a través de los océanos.

Es un poco difícil cambiar nuestra dieta para consumir productos locales, ya que nos hemos vuelto dependientes de los alimentos importados. Sin embargo, cuando nos esforzamos por usar el alimento que está disponible de nuestros agricultores y artesanos locales, estamos haciendo algo bueno para nosotros mismos (más sano), para el planeta (menos productos químicos y «millas alimenticias *») y para otras personas (pequeños agricultores en nuestros propios municipios).

Algunos permacultores se sienten incómodos en etiquetar la permacultura como un acto político, pero sin duda, es activismo, y es un movimiento que sólo se esfuerza para cuidar de la tierra y de las personas de una manera que nos permita prosperar. Si estamos haciendo eso, lo que estamos haciendo, eso es permacultura. ¿Por qué no empezar con estos cuatro consejos y ver si podemos añadir algunos más?

* Distancia que los alimentos recorre hasta llegar a nuestro plato.