Cada planta exige una cantidad especial de nutrientes. Si sus plantas presentan síntomas agudos de que algo no está bien, además de regarlas, usted puede identificar sus deficiencias con la ayuda de este artículo. Reconociendo cuál es el problema exacto, será más fácil actuar para garantizar la salud de su huerta.

Reconociendo las deficiencias

Las hojas afectadas dan pistas valiosas a primera vista. Algunos nutrientes, tales como el potasio o el magnesio, son muy móviles en el interior de la planta. Estos son transportados por el floema hacia las partes más jóvenes de la planta, de modo que la falta de estos nutrientes, puede observarse particularmente, en las hojas más viejas. Por otro lado, el suministro insuficiente de azufre, manganeso o boro, se observa a primera vista en las hojas más jóvenes. Estos nutrientes permanecen prácticamente estáticos en la planta. Las nuevas partes de la planta son formadas sin ellos, causando así necrosis o clorosis (falta de color).

Nitrógeno (N): es el responsable, principalmente, por activar la fotosíntesis y promover el crecimiento de las hojas. Es el macronutriente con presencia en mayor proporción en diversos abonos, como estiércol, compuesto orgánico, bokashi, torta de nim y humus de lombriz. De un abono a otro, la proporción es muy variable. El exceso de éste en la tierra, causa menor florecimiento y fructificación, además de retardar el desarrollo de las raíces y dejar la planta susceptible a plagas.

Fósforo (P): macronutriente importante para el proceso de germinación y maduración de raíces, frutos y flores. Por lo tanto, cuando queremos que la planta fructifique o florezca, tenemos que darle más atención al fósforo. Un abono que presenta altas proporciones de fósforo es la harina de huesos, que tiene alrededor del 28%. La deficiencia de este nutriente en el suelo, genera como consecuencia una planta con raíces poco desarrolladas, sin florecimiento ni fructificación.

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Potasio (K): propicia que los tallos, hojas, flores y frutos se vuelvan más firmes. Es más importante todavía para las plantas bulbosas y tuberosas como papa, cebolla, ajo, lirio, entre otras. La falta de este nutriente en el suelo, ocasiona una muda poco desarrollada. El potasio está presente en diversos abonos, como en el compuesto orgánico y en las cenizas de madera.

Calcio (Ca): ofrece mayor resistencia a las enfermedades, las cuales son difícilmente tratadas después de desarrolladas. Favorece el crecimiento de las raíces, propiciando el enraizamiento más profundo. Si se trata de una huerta en un suelo ácido, es recomendable hacer un calado (corrección de PH) para incorporarle calcio y minimizar ese problema. Podemos adicionar al suelo este nutriente a través de la caliza y el yeso, sin embargo, una forma bastante efectiva y fácil es poner huevos triturados en el suelo, así como las cáscaras durante el proceso de compostaje.

Azufre (S): este nutriente es naturalmente abundante en los suelos con grandes cantidades de materia orgánica, como en la conocida serrería de los bosques. Favorece la fotosíntesis y la respiración. Mejora el olor y sabor de los bulbos y raíces durante su desarrollo, por eso quien elige plantar ajos y cebollas, debe estar atento a este nutriente.

Magnesio (Mg): muy importante para la formación de la clorofila, además promueve la coloración y la formación de azúcares. La mezcla sulfato de magnesio y calcáreo dolomítico, da origen al magnesio.