A pesar de ser construido para soportar condiciones extremas, llama la atención la elección del vehículo.

Cuando el ímpetu de romper ciertas reglas viene con fuerza, están los que no consiguen parar hasta sacar sus ideas del papel. Una pareja holandesa puso en práctica un plan audaz: rodar el continente más helado del mundo en un vehículo alimentado por energía solar, cuyas piezas en parte fueron construidas con componentes plásticos impresos en 3D.

A pesar de ser construido para soportar condiciones extremas, llama la atención la elección del vehículo. Para tener una idea, los vendavales en la región llegan fácilmente a velocidades de 100 km / h. En su sitio, la pareja Edwin y Liesbeth Ter Velde explica que “lo que comenzó como un rompecabezas es ahora un carro antártico de alta tecnología”.

Diez paneles solares, de 325 vatios, suministran la energía para el motor y los sistemas de calefacción son responsables de derretir la nieve que se utilizará para su propio consumo. Las baterías con una potencia de 10 kWh se pueden utilizar en casos de emergencia y además tiene ventanas infrarrojas para absorber la luz solar. El vehículo pesa 1,485 kg y tiene una longitud de 16 metros.

Las piezas hechas de bloques hexagonales impresos en 3D fueron hechas industrialmente, usando filamentos de PET reciclado. Se utilizaron 200 kilos de plástico para construir el chasis del carro.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

El medio de transporte tampoco pasa desapercibido por otro motivo: su inusual diseño. En principio, hasta parece un carro cargado de paneles solares. Al realizar pruebas en una playa de Ijmuiden, ciudad portuaria de Holanda, sorprendieron bañistas, mientras probaban las condiciones del coche en la arena suelta.

También te puede interesar:  Los beneficios de abrazar árboles han sido oficialmente validados por la ciencia

“Probamos que no necesitamos desarrollar nuevas tecnologías, sino redescubrir la tecnología y usarla de manera diferente. Tenemos toda la tecnología para un mundo sostenible. “Hora de usarla”, afirma la pareja al explicar el Solar Voyager, vehículo que los conduce en la jornada.

Inspiración

Ellos estaban cocinando cuando botaron un empaque de plástico que hizo que la basura se desbordara. A partir de ahí comenzaron a cuestionarse: “¿Por qué el plástico no tiene valor?” “¿Por qué culpamos al gobierno o al supermercado?” Fue así como empezaron a buscar formas de vivir la filosofía “basura cero”. Ideas que quieren llevar por donde vayan, incluso en la región rodeada por el Océano Antártico. Más que tecnología, el objetivo es discutir la sociedad circular. La expedición comenzó el 28 de noviembre y tiene prevista una duración de 30 días.