Una comunidad de Domos Superadobe empodera a sus residentes

Construidas con materiales a base de tierra, estas coloridas cúpulas fueron construidas con la ayuda de los residentes locales que buscan revivir su economía local.

Para reducir la huella de carbono de los edificios nuevos y existentes, existen varias estrategias posibles. Un enfoque es reducir el tamaño de las casas, reduciendo así la energía necesaria para calentarlas y mantenerlas (que es una de las razones por las que las casas más pequeñas están ganando popularidad). Otra táctica más es cambiar los tipos de materiales que utilizamos para construir hogares más ecológicos, cambiando materiales con alto contenido de carbono como el hormigón y el acero por materiales más sostenibles como madera, corcho y bambú.

Hay otra arma más que agregar al creciente arsenal de materiales sostenibles, pero no es una nueva, sino algo que los humanos han usado durante milenios: la tierra. El suelo debajo de nuestros pies es en realidad un gran material de construcción, ya sea apisonado o comprimido en bloques de tierra modulares.

Superadobe al rescate:

En la isla de Ormuz en Irán, estas cúpulas distintivas fueron construidas por la firma ZAV Architects, utilizando un método llamado superadobe. Inicialmente desarrollada como una forma de construcción de bolsas de tierra por el arquitecto nacido en Irán Nader Khalili, la técnica consiste en colocar bolsas llenas de tierra y otros materiales orgánicos como paja para formar una estructura de compresión.

Concebido como un proyecto que fomenta el «empoderamiento de la comunidad a través del desarrollo urbano», las cúpulas se han construido con la ayuda de los residentes locales, que fueron capacitados con las habilidades de construcción necesarias.

Los arquitectos explican que la idea era ayudar a impulsar la economía local y brindar opciones alternativas a los lugareños.

Vistas desde arriba, las cúpulas de pequeña escala adoptan formas orgánicas y se conectan de diversas formas para formar estructuras agrupadas.

Entre estos grupos, se forman pasarelas y otros espacios de conexión para reunirse, jugar y descansar.

Vistas desde lejos, las cúpulas parecen hacer eco del paisaje, al tiempo que ofrecen un contraste de colores brillantes con la tierra de la que están hechas. Los diseñadores hacen una interesante analogía de estas cúpulas como partes de una alfombra vibrante.

En el interior sombreado de las cúpulas, se puede ver que este tipo de construcción se adapta bien al clima árido, ya que los materiales a base de tierra proporcionan una maravillosa masa térmica. Eso significa que los interiores abovedados se mantienen frescos durante el día ya que las gruesas paredes de tierra absorben el calor del sol, y por la noche, cuando las temperaturas bajan, las paredes pueden irradiar ese calor almacenado, lo que ayuda a regular las fluctuaciones de temperatura.

La forma en que se pintan los interiores también ofrece pistas sobre cómo utilizar el espacio. La redondez inherente de los espacios es una alternativa refrescante.

«Al destinar una mayor parte del presupuesto a costos laborales en lugar de costosos materiales importados, beneficia a la población local, empoderándola al ofrecer capacitación en habilidades de construcción«.

Como señalan los arquitectos, el proyecto plantea algunas preguntas interesantes sobre hasta qué punto la arquitectura puede ser un vehículo para el cambio socioeconómico.

El objetivo de construir un futuro mejor para los residentes continuará: la próxima fase de este proyecto premiado consistirá en la construcción de una «residencia cultural polivalente» que impulsará el turismo local a partir de un evento anual de Arte. Que con suerte continuará cumpliendo la misión de empoderamiento de este proyecto único.

Fuente: https://www.treehugger.com/

Catalina Zimmermann

Fotógrafa, le encanta leer y escribir sobre temas ambientales y, por esta razón, ha estado escribiendo para "El Horticultor" desde 2018.