Sacerdote Argentino convirtió Basural en un pueblo y es nominado al Premio Nobel de la Paz

Madagascar, Esperanza después del Basurero:

Comenzaron su trabajo con los mismos pobres; Convencidos de que no se podía traer una ayuda sostenible solo desde fuera del país, y lo más importante era cambiar los viejos hábitos. Es por estas razones que siempre han trabajado con la gente ayudándoles a construir estructuras – escuelas, lugares de trabajo, dispensarios – que con ellos pudieran reconstruir sus vidas y preparar el futuro de sus hijos.

Idearon una estrategia: El trabajo y el campo podían curarlos y liberarlos del círculo de la desesperanza, la mendicidad, la delincuencia y el crimen: con algunas familias que querían mudarse, se fueron al campo, 60 km al norte de Antananarivo, para trabajar la tierra y construir comunidades solidarias.

Hoy, después de 27 años de lucha, la asociación AKAMASOA ha ayudado a 500.000 personas. Se han construido 4.000 casas y viven 25.000 personas. Cada pueblo tiene escuelas, dispensario y lugares de trabajo: cantera, colocación de ladrillos, carpintería, agricultura, arte y artesanía. 14.000 niños están matriculados en la escuela. Y en 2004, su asociación ha sido reconocida como Utilidad Pública por parte del Estado, lo que resalta la necesidad de nuestra presencia y acción dentro de la obra social de la Isla.

Pedro creó Akamasoa, que significa «buenos amigos» en malgache, hace tres décadas.

«Son personas que nadie reconocería y que han recuperado su dignidad», «Estoy en un constante estado de rebelión. No puedo aceptar esta pobreza porque ha sido creada por líderes». dice Pedro, sacerdote argentino que vive en Madagascar desde hace más de 40 años.

La ciudad que construyó  en las afueras de la capital, Antananarivo, se ha convertido en un hogar, que los lugareños denominan «Cite Akamasoa», para más de 25.000 personas. Sus casitas color pastel parecen sacadas de un cuento de hadas.

El padre Pedro Opeka y su asociación humanitaria “Akamasoa” (“Ciudad de la amistad”) han sido nominados para el Premio Nobel de la Paz por el Primer Ministro de Eslovenia, Janez Janša. La nominación se anunció el 31 de enero en el sitio web oficial del gobierno esloveno.

Según el Primer Ministro, la Comunidad  que el padre Opeka fundó hace más de 30 años ha brindado una contribución destacada al «desarrollo social y humano» en Madagascar, ayudándola a alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU para 2030.

En el comunicado, el Gobierno esloveno señala que la labor humanitaria del misionero argentino y sus colaboradores en Madagascar ha atraído la atención y el apoyo del público en todo el mundo y es una inspiración en la lucha contra la pobreza, la marginación y la injusticia social.

Esta historia, nos hace reflexionar como así también disfrutar de un profundo agradecimiento a Pedro, que con su corazón rebelde y humanitario, logro sacar de tal estado de pobreza a miles de personas, sin todavía calcular el efecto a largo plazo que sus años de constancia tendrán.

El campo y la tierra también le dieron una nueva oportunidad a esa comunidad, ofreciendo su abundancia y claridad, y por ese motivo nos encargamos de difundir esta historia.

Nos gustaría escuchar, que te brindo de nuevo nuestro artículo? Qué sensaciones o ideas despertaron en tí la historia de Pedro?

 

 

 

 

Catalina Zimmermann

Fotógrafa, le encanta leer y escribir sobre temas ambientales y, por esta razón, ha estado escribiendo para "El Horticultor" desde 2018.